24 de abril de 2013

48. Semana 24 (3)

(No pierde los estribos fácilmente. Llevarle hasta este punto y que siga sin levantarme la voz hace que sea el hombre que más paciencia ha tenido conmigo en toda mi vida. Le daré un respiro, no quiero que esto se alargue demasiado). Nos ahorraré tiempo a los dos y supondré que sí, que usted también ha caído en su trampa, lo prefiero, no me gusta pensar que he sido la única persona que ha tenido ese problema alguna vez.

Fuente: Hipster Joint
Sea más concisa, por favor. Si se pierde en requiebros olvidaremos el hilo de la conversación.
Pues no, no me siento satisfecha, ni me enorgullezco de haberlo hecho, pero, ¿qué quiere que le diga? (Estoy levantando la voz por momentos, parece que le molesta mi ofuscación pero no intenta detenerme. Cada día me gusta más. Es una verdadera lástima que nos tengamos que encontrar en esta situación). ¿Qué si volviera hacia atrás no lo haría? Pues no le puedo decir eso porque si lo hiciera le mentiría. Lo volvería a hacer, seguro, tenía un problema.

¿No se arrepiente?
Claro que sí. En ningún momento he dicho que no lo hiciera. Volver hacia atrás, en las mismas circunstancias no cambiaría nada. ¿Cómo afectó su consumo de cocaína en su relación con los demás? Afectó. Sólo eso. El cómo tendrá que preguntárselo al resto de la gente que me conocía en aquella época. Ahora parece que todos se hayan olvidado de mí.

¿Qué quiere decir?
Cuando parece que todo va bien, cuando eres alegre, cuando no tienes problemas, todo el mundo está interesado en hablar contigo, en saber como estás, en qué haces o qué tienes intención de hacer. Salen amigos hasta de debajo de las piedras. Pero a la que te conviertes en una persona incómoda, huyen. (Siempre lo hacen).

Usted ya debía estar acostumbrada a que eso le ocurriera. Según sus propias palabras, nunca fue una persona muy popular.
Me costaba hacer amigos, eso es todo. Las personalidades extrañas no encajan con facilidad. Yo tengo una de esas personalidades.

¿Cómo encajaba la cocaína dentro de esa personalidad extraña?
Me hacía parecer mejor persona. Estaba convencida de ello. (No puedo ocultar nada cuando me mira de esa forma. Ver que sus ojos brillan cuando pongo de mi parte es una de las recompensas que recibo por ser sincera).

¿Y qué es, para usted, ser una buena persona?
Ser una buena persona nunca depende de uno mismo. Lo sabe. Depende de la percepción que los demás tengan de ti. ¿Puedo fumar?

¿Por qué quiere hacerlo?
¿Puedo hacerlo o no? (Sé que mira por detrás de mis gafas, reconoce mi nerviosismo. ¿Por qué sigue hincando el cuchillo?).

Sabe que no me gusta, y que está más que prohibido, pero podemos salir al balcón si así lo desea.
Me haría un gran favor. (Cuando me empiezan a temblar las manos sólo la nicotina consigue calmarme. Me enciendo el cigarrillo antes de salir a la terraza. Sé que el humo le molesta, pero llegados a aquel punto no puede dar marcha atrás. Aunque el aire es muy frío, estoy segura de que dejará la ventana abierta durante todo el día. Soy la única que puede fumar aquí. Me entristece).

Ahora continúe.
No recuerdo de que estábamos hablando. (Le doy la espalda. Asomada al balcón, con medio cuerpo hacia afuera, dejo que el aire me golpee antes de darme la vuelta. Sé perfectamente de qué hablamos. Pero necesito tiempo para serenarme. No puedo volver a lo mismo).

Hablaba de ser una buena o mala persona.
Cierto. (No se da por vencido, pero al menos ahora puedo volver a mirarle a los ojos). Una persona es buena o mala según la ven los demás. Por ejemplo, igual usted se tiene en alta estima y cree que nos hace un enorme favor dedicándose a lo que se dedica, pero tal vez, y es sólo una suposición, mi punto de vista es diferente y en lugar de ver a un bendito que lo da todo por sus semejantes, veo a alguien que se aprovecha de la desgracia ajena para hacer fortuna.

¿Quiere decir que ese es mi papel en todo esto?
No, es sólo una suposición. Es un ejemplo de lo que significa ser bueno o malo. No dependía de mi ser buena o mala. Yo quería que me vieran como buena, algo que no hacían con asiduidad.

¿Y por qué cree que no la veían como una buena persona?
Se lo repito, eso tiene que preguntarlo a los otros. No a mí. Yo sé quién soy.

¿Y también lo sabía cuando consumía cocaína?
No. Cuando lo hacía era otra persona. Alguien peor para mí, pero mejor para los demás.

¿Mejor?
Divertida, activa, preocupada, implicada. Esa es la definición que todo el mundo hace de bondad. Yo no era mala, no criticaba, no me inmiscuía en los asuntos de los demás, siempre intentaba actuar en favor del bien general, nunca del propio. Pero se ve que no lo hacía lo suficiente.

¿Y por eso se drogaba?
Le acabo de decir que lo hacía por lo apestoso de mi existencia. No por la imagen que quisiera tener a los ojos de mi entorno.

¿Entonces por qué me habla de buenas y malas personas?
Simplemente porque cuando me drogaba los demás creían que yo era mejor. Ellos no sabían que lo hacía, sino hubiese sido en balde. Pero si a sus ojos yo era mejor, a los míos también, mi vida también, ¿me explico? (Y si no lo he hecho que no espere a que se lo diga de nuevo. Tanta verborrea me pierde).

¿Funcionaba siempre así?
¡Qué va!

Me parece que no se aclara. Primero me dice que se droga...
Drogaba.

Está bien. Primero me dice que se drogaba porque su vida era un fiasco, ¿correcto?
Es usted listísimo.

Pero al mismo tiempo arguye que la percepción de los demás sobre su persona también la motivaba.
Era una motivación más. No el detonante. Quiero que quede bien claro.

Si no la entiendo mal, recurre a la cocaína porque quiere evadirse de “su mierda”. ¿Cuándo empezó a creer que estaba rodeada de ella?
Supongo que fue al entrar en la universidad. Era cinco años mayor que el resto, no tenía tanto tiempo ni tantas ganas. Había puesto mucho empeño en llegar hasta allí pero cuando llegué perdí fuelle. Solamente quise seguir caminando, y no conseguí la ayuda que esperaba para seguir haciéndolo.

Quiso seguir caminando. ¿Qué ocurrió para que se detuviera?
Cansancio, supongo. Trabajar y estudiar al mismo tiempo al ritmo que me exigía era duro, no supe hacerlo, no se me daba bién. No lo soporté. (La desidia ha sido siempre mi principal debilidad).

¿Ocurrió algo más en aquella época que fuera digno de mención?
No que yo recuerde. Saltaba de trabajo en trabajo, vivía con mis padres, mi hermano y una abuela que cada día perdía más el norte. Odiaba mi casa, mi vida. Pero no sucedió nada extraordinario. Novios que se dejan, trabajos que se pierden, familiares que enferman. Lo que le ocurre a la gente normal. Tal vez fuera por eso, ¿no cree? Todo debía ser digno de mención para que me metiera en ese mundo. No lo hice a conciencia.

Pero para drogarse uno debe ser consciente de que lo está haciendo.
¿Quién tergiversa a quién? (Siempre ha sabido usar muy bien las palabras, sé que no lo hace con la intención de molestarme, pero a mi me gusta darle un poco de juego. Llevo tanto tiempo aquí que deseo que lleguen los domingos para hablar un rato con él y ejercitar la agilidad mental. Es un hueso duro de roer).

No se lo tome todo como un ataque personal, por favor, lo único que pretendo es que usted se de cuenta de que tenía otra opción.
Claro que tenía otra opción, no soy idiota. Siempre tenemos otra opción. Playa o montaña, piso o chalet, coche rojo o negro. Para todo existen alternativas.

¿Cuál era la suya?
No lo sé. Si lo hubiese sabido no me hubiese decantado por aquella droga. No veía nada. No quería tener pasado, pero tampoco veía el futuro demasiado claro. Necesitaba algo con lo que poder continuar el camino, algo que no me despistara del objetivo.

¿Cuál era su objetivo?
Ser periodista.

¿Está segura?
Eso era lo que quería entonces.

Ha cambiado de parecer.
De parecer no, sólo he cambiado las formas. Verá, en el mundo del periodismo, y en el mejor de los casos, todo se mueve bajo el control de las grandes empresas. También nos encontramos con medios de comunicación sometidos al control gubernamental y yo no estaba dispuesta a tragar con ello.

¿Fue entonces cuando se refugió en la adicción?
No, no. (Y dale). Mi adicción comenzó mucho antes de que yo empezara a trabajar en algún medio de comunicación. Primero fueron la marihuana y la cocaína, sólo después llegó el desengaño de los mass media.

¿A qué desengaño se refiere?
De eso ha pasado ya mucho tiempo. ¿De verdad encuentra este episodio relevante? (Mira el reloj. Creo que ha llegado el momento de salir del despacho y dirigirme a la habitación, pero no me dice nada. Se queda un rato en silencio, es tan melodramático que a veces creo que la historia le interesa de verdad).

Pues la verdad es que sí. Los desengaños han sido una constante en su vida. Cuando creo que ya no puede haber ninguno más, usted suelta la gran perla, un as en la manga que tenía escondido desde tiempos inmemoriales. Me causa mucha sorpresa, la verdad. Nunca sé cómo reaccionar. No sé si lo hace de forma voluntaria o, al contrario, si no tiene conciencia de estar ocultando información relevante.
Esto lo he hecho porque he querido. (Desde hace un par de semanas recuerdo las cosas con mayor nitidez que antes, lo sabe pero no se enfada. Tal vez él también se haya acostumbrado a estos juegos. Algún día, lo sé, reconocerá que además de divertidos, son muy sanos para el intelecto. Me río y prosigo). Si tiene tantas ganas se lo explicaré, total, es domingo y no tengo nada que hacer.

Al fin. Mira que le da vueltas a las cosas, ¿eh?
Le exaspero, lo sé, esa es mi intención. Vamos, ríase, si lo está deseando. (Unos segundos más de carcajadas). Ya basta. (Respiro hondo y me pongo seria, el tema es delicado). Para que me comprenda bien quiero ponerle en antecedentes.

¿Se da cuenta de que esta sesión no va a acabar nunca?
Intentaré ser breve si deja de interrumpirme. (Parece que guarda silencio). En segundo de carrera hice unas prácticas, sin contrato ni nada que se le pareciera, en una televisión local como presentadora de un programa de entrevistas. Aquello me encantaba, no cobraba nada pero por lo menos me servía para perder el miedo a hablar con los demás. Todo en aquel programa era de escasa calidad pero nos divertíamos haciéndolo. Uno de los realizadores me comentó que un diario digital necesitaba una auxiliar de redacción y me propuse para el puesto. Iba a tener mi primer contrato laboral como periodista mucho antes que el resto de mis compañeros. Todas mis aspiraciones se estaban cumpliendo. Cuando llegué a la redacción de aquel diario lo primero que me sorprendió fue que la persona que me recibió no era periodista. Bendito nepotismo, su padre era el jefe de redacción de la sección catalana de un diario digital nacional. Al mismo tiempo, el jefe de redacción estaba casado con la madre de la susodicha, una mujer que, si no entendí de forma errónea (y en aquel entonces yo escuchaba muy bien todo lo que me decían porque para eso me estaban educando en la carrera), trabajaba para la mismísima y excelentísima consellera de Sanitat de la Generalitat de Catalunya. La hecatombe llegó cuando a esta discreta, aplicada y jovencísima periodista se le ocurrió publicar una noticia que no era del gusto de la señora consellera. Ni más ni menos había hecho cimbrear los cimientos de un hogar. Y yo sin saberlo. Me llamaron mentirosa y, entre otras cosas, insinuaron que la noticia era inventada. Nunca más he vuelto a ejercer. Y al poco tiempo dejé la carrera.

Imagino que fue un golpe duro.
Mucho. Tardé meses en volver a levantar cabeza pero ya nunca fue lo mismo. Me desvié de nuevo. (Y me separé también por desidia de Marina).

Hasta que apareció Andrea.
Exacto.

Me temo que tendremos que continuar con la conversación en otro momento. Nuestro tiempo por hoy se ha acabado. La espero el próximo domingo a la misma hora.
¿No podría ser un poco más tarde? Ya sabe que por las mañanas me cuesta mucho ponerme en marcha.

¿A estas alturas y aún pretende que le cambiemos el horario?
Nunca es tarde para darme una opción viable, tengo que intentarlo hasta que lo consiga. “Hazlo o no lo hagas, joven padawan”. Además, mi cara por la mañana no es la mejor con la que puedo venir a verle.

No está aquí para ligar, este no es su bar. Hasta mañana. Y cierre la puerta al salir.
(Ni siquiera me mira cuando se despide. Me niego a creer que sea como todos los demás).

9 de abril de 2013

47. Semana 24 (2)

Siga, siga.
Es que no entiendo porque le extraña que sea capaz de reconocer mi estupidez.


Según usted, nadie lo hace.
Ya sabe que tengo tendencia a generalizar. ¿Usted también sabe cuando está cometiendo una estupidez y es capaz de reconocerlo si se lo dicen? Estoy segura. Vale. Me centro. ¿Qué quiere saber, entonces?

Mantener la calma con usted a veces es muy complicado. ¿Por qué cometía esas estupideces?
Mire, tal vez la explicación le parezca absurda pero en aquel momento a mi me pareció un abismo insalvable. Cuando entré en la universidad recuperé la sensación de ser adolescente. Nunca he tenido muchos amigos, y los pocos que había conseguido habían tomado caminos distintos al mío, se abrían caminos nuevos, conocer gente, aprender de la gente pero tenía pánico a ser rechazada. El rechazo es algo que siempre he llevado mal. Noté como me corrompía, como dejaba de ser yo. Ese dolor es lo que me llevó a cometer estupideces, pensé que tal vez así lo calmaría, o lo adormecería. (No me ha mirado ni una sola vez, como si hacerlo fuera un síntoma de debilidad. ¿Acaso me teme? ¿O más bien espera una reacción ante tanta indiferencia?)

¿Qué le causó dolor?
Cambiar. Dejé de ser como era. (Mi respuesta le obliga a mirarme, bombas como ésta no las dejo caer cada día).

Si tanto le dolía, ¿por qué no intentó parar antes de que fuera demasiado tarde?
El motor de un cambio no lo puedes parar. Sólo la ausencia total de movimiento y consciencia conseguiría detenerlo y sabe, tan bien como yo, que eso es imposible de lograr. Y si me permite una leve licencia de humor negro, el coma inducido no era una opción. El cambio es cambio, es energía en estado puro, y nunca podremos prever todas las consecuencias que acarreará llevarlo a cabo. Cometí un montón de estupideces por culpa de un cambio que era estúpido desde sus inicios.

Entiendo su argumento sobre el cambio, pero no concibo cómo cuadra saber que se están cometiendo estupideces y no poder dejar de cometerlas. Se supone que, igual que ahora, sabía que estaba actuando de forma incorrecta. ¿Por qué continuó haciéndolo?
Sé que usted cree que no tengo excusa. Puede que tenga razón, me dejé caer. No pude evitarlo. Las secuelas se alargaban en el tiempo y tenía que pararlas de alguna forma. Sí, otras muchas estupideces las cometí para salir de ahí. Eso es lo que creo recordar. (Y porque no sabía que estaba haciendo algo incorrecto. Yo me sentía bien, como siempre. Sólo era extraño a los ojos de los demás. Me mira, como si lo hiciera por encima de unas gafas imaginarias. Cree que mirar así le hace más interesante, cree que podrá saber más sólo por utilizar ese gesto. Tal vez tenga razón).

¿Me está reconociendo, hoy, medio año de conversaciones más tarde, que usted era adicta a alguna sustancia?
No le estoy reconociendo nada que ya no supiera. Hemos hablado de ello muchas veces. La cocaína fue el motor de mi mundo durante una gran temporada. Siete años sin ir más lejos. Volvemos a lo mismo, ¿cómo no iba a reconocer que estaba cometiendo una estupidez? No va conmigo esconderme de lo malo que he hecho. (Y me enerva que él pueda pensar que sí).

¿Está a la defensiva otra vez?
En absoluto. (Mierda. Me caza cuando menos me lo espero. Aunque es lógico, nos conocemos de hace tiempo).
Lo que quiero decir es que sí, era una adicta, una de las muchas que hay sueltas. Todo el mundo es adicto a algo, cada día conocemos a adictos y nadie se preocupa tanto por lo sano de sus adicciones.

No estamos hablando de ser adicto al chocolate, y ya sabe a que chocolate me refiero, no tergiverse mis palabras, se lo ruego.
Ya lo sé, hombre. (No puedo evitar reírme, siempre ha tenido mucho tacto para dirigirse a mi después de que le ladrara).

¿Por qué se drogabas?
¿Acaso no está claro? Mi vida es una mierda, ya era una mierda antes de que todo empezara. La cocaína, al principio, conseguía aliviar el mal olor que desprendía a cada paso que daba.

¿Le ayudaba?
No demasiado. Bueno, sí. (Me hace vulnerable, dudo; en el poker no se puede dudar, las decisiones se deben tomar al instante. Si vacilas, estás perdido. Cosas que se aprenden).

Aclárese por favor. Recuerde que seguimos grabando y si no habla, nada de esto tendrá significado.
Quiero decir que, aunque yo creyera que me estaba ayudando, esa droga lo único que conseguía era hundirme más y más en el fango.

La euforia que le provocaba la droga, ¿era tan grande como para dejar de pagar el alquiler?
Como para dejar de pagar el alquiler y para mucho más. Cuando le dije que robábamos botellas de vino de las cenas de empresa no me lo estaba inventando. Pero entonces no le dije que también robábamos teléfonos inalámbricos, auriculares y otros artilugios tecnológicos para poder venderlos después y así conseguir un poco de dinero para poder comprarla.

¿Y qué hay de los remordimientos?
No sé lo que son.

No bromee. ¿Está satisfecha con su comportamiento?
¿Por quién me toma?

No conteste a mi pregunta con otra pregunta, es de mala educación. No quiero volver a repetírselo.
¿Pero es que cuántas veces vamos a tener que volver sobre el mismo tema? No entiendo su afición morbosa a la droga. ¿es que acaso usted también ha tenido que vérselas con ella? (Mueve el hombro derecho arriba y abajo. Siempre hace eso cuando se pone nervioso por algo. Hoy no quiere jugar).

Eso corresponde a mi vida privada y estamos aquí para hablar de la suya. ¿Quiere hacer el favor de decirme si usted está satisfecha con ese comportamiento delictivo y adictivo?

7 de abril de 2013

46. PARTE IV: Semana 24


Buenas tardes, señorita ___.
Le he dicho mil veces que no me llame 'señorita', le hace parecer arcaico. ¿Por qué no me llama ___ como todo el mundo?. (Sé que suena muy bien de su boca.

De acuerdo, la llamaré como quiera, pero no vuelva a hacer ese tipo de referencias, ¿trato hecho?
Perfecto. El trabajo es el trabajo, lo entiendo. (El hombre se levanta. Miro directamente a sus ojos, dorados y verdes al mismo tiempo. Es joven, el más joven de todos con los que he tenido que tratar, pero se le ve más tranquilo. En tan sólo un par de zancadas se sitúa detrás del escritorio del despacho y de un cajón saca la cámara de video que ha grabado todas nuestras sesiones durante los últimos seis meses).

Quiero que hoy escuche atentamente.
¿Cómo va a grabar ESTA sesión?

Con la cámara del ordenador. Sí, está preciosa, y ahora escuche.
(Sonrío mientras él aprieta el botón de encendido. Espero las imágenes como una tonta: él, que es muy listo, ha preferido apagar la pantalla para que sólo pueda prestar atención al sonido. Me encanta su cerebro... Y odio mi voz en off. Ni siquiera él respira cuando las palabras se empiezan a oír de una boca que es la mía pero que ahora no está allí).
“Ese era mi día. No concebía un viernes sin salir y Marina no participaba de ello. Si no participaban de mi vida nocturna, no existían. A fin de cuentas se estudiaba la carrera de periodismo no sólo por el título sino también por las experiencias e interacciones con el mundo que ofrecía una profesión como la nuestra”.

(Ahora para la cinta, cierra la cámara, la guarda, cruza las manos sobre el pecho y me habla. ¡Bingo!).

¿Qué le parecen estas palabras?
Si no supiera que esa voz es mía, diría que son estúpidas. Así, a grandes rasgos. Pero esa voz tan horrorosa me pertenece así que más bien son desafortunadas. Palabras que fuera de contexto no tienen ningún sentido. Desafortunadas y estúpidas. Sí. Coincido con usted. (Me sonríe. A veces le adivino el pensamiento).

Este fragmento pertenece a nuestra quinta sesión. He dejado que lo escuchara porque en un momento de su vida usted se comportó como una estúpida y quería ver si lo reconocía. Veo que vamos por el buen camino. A veces creo que está fingiendo. A veces no. ¿Intenta confundirme?
Seamos realistas, los dos. Todos nos comportamos en ocasiones como verdaderos estúpidos. Cometemos locuras que no deberíamos, y sabemos que no deberíamos, pero las hacemos igualmente porque eso es lo que entendemos por vivir. No sabemos que esa forma de vivir es estúpida hasta que no trae consecuencias negativas.

Siga, siga.

(continuará mañana)